Iglesia de Santa Eulalia, un legado milenario entre cumbres
A 940 metros de altitud, debajo de donde las montañas de Alto Campoo y Peña Labra dibujan el horizonte, se encuentra la Iglesia de Santa Eulalia. No es solo un templo parroquial; es uno de los nombres más antiguos de todo el valle, documentado ya en el año 945, cuando nació como una pequeña iglesia privada que terminaría siendo la primera posesión del Monasterio de Piasca fuera de Liébana.
Piedras que cuentan siglos
Aunque el edificio que vemos hoy es fruto de reformas entre los siglos XV y XVI, el espíritu de la vieja «Santa Olalla» sigue vivo en sus muros. Al acercarte, fíjate en su puerta meridional: un arco apuntado que conserva una decoración de tradición románica fascinante. En sus capiteles aún se pueden ver los «dientes de lobo» y rombos tallados, un eco artístico que ha sobrevivido al paso del tiempo.
En su interior, el templo guarda tesoros que invitan al recogimiento como la Pila Bautismal. Una pieza troncocónica de una sencillez absoluta y belleza románica, donde se han bautizado generaciones de purriegos.
El Retablo Mayor es una obra del siglo XVIII que aporta el toque de esplendor barroco al ambiente íntimo de la nave. La Inscripción de 1647, un pequeño detalle en la cabecera que nos recuerda una de sus grandes reformas.
Un pueblo de hacheros y artesanos
Situada al pie de la carretera, la iglesia se integra perfectamente en un paraje de una belleza serena. Es el lugar ideal para detenerse, respirar el aire puro de la sierra y contemplar cómo una modesta iglesia de montaña ha sido capaz de custodiar la historia de Polaciones durante más de diez siglos. Santa Eulalia no solo fue un centro espiritual, sino también la cuna de los mejores maestros de sierra.